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Asturias exige millonarias devoluciones por ayudas sociales: ¿errores burocráticos o culpables sin culpa?

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Изображение взято с сайта La Nueva España

Más de mil beneficiarios del salario social básico en Asturias enfrentan la amarga sorpresa de tener que devolver miles de euros por supuestos cobros indebidos. Deudas que llegan a alcanzar hasta 30.000 euros, a pesar de que muchos notificaron a tiempo cambios en su situación laboral o económica.

La odisea de reclamar ayudas

La Consejería de Derechos Sociales reclama el reintegro de cantidades cobradas indebidamente cuando, según ellos, los beneficiarios dejaron de cumplir los requisitos, recibieron otras prestaciones incompatibles o mejoraron su situación financiera. Pero aquí comienza el lío: la administración tiene tres meses para responder a las notificaciones de los beneficiarios, pero suele tardar años. La Asociación Alambique denuncia que en Asturias estos expedientes no se revisan en el plazo establecido, sino que esperan hasta cuatro años para reclamar, acumulando así cifras astronómicas.

Voces atrapadas en la burocracia

Los casos son desgarradores. Una mujer viuda con hija, al notificar continuamente su nuevo trabajo, nunca recibió respuesta y ahora le piden 21.000 euros. Otra vecina, con problemas graves de salud, enfrenta una deuda de 25.000 euros y se ve forzada a cancelar terapias para su hija por falta de recursos. Padres solteros y madres únicas también aparecen en la lista, muchos con agravantes como enfermedades o discapacidades.

La carga financiera incluye recargos por falta de respuesta y altos intereses (4,026%). «Sientes impotencia y rabia. Nosotros lo hemos hecho todo bien, ¿por qué la administración no?», lamentan desde Alambique.

¿Una reforma a la vista?

La Asociación Alambique llevó el caso hasta el Defensor del Pueblo, consiguiendo que este inste al Principado a reformar el procedimiento y establecer un plazo máximo para exigir devoluciones, que ahora es de cuatro años. Esto ayudaría a evitar que personas en situaciones vulnerables carguen con deudas imposibles de pagar debido a fallos administrativos.

En medio de todo, una realidad aflora: estas ayudas son el último recurso para quienes enfrentan momentos duros de la vida, no un salario cómodo o una vida sin trabajo. El drama no está solo en las cifras, sino en las historias humanas que hay detrás.