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«El barrio es para vivir, no para vender»: vecinos de Cimavilla salen a la calle contra el Paseo Gastro y la turistificación

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En Cimavilla, el barrio histórico de Gijón, la paciencia parece agotada. Más de trescientas personas —de todas las edades— tomaron las calles para protestar contra la instalación del Paseo Gastro, un nuevo evento gastronómico que consideran "la gota que colma el vaso". Pero la queja no es solo por el Paseo: en el fondo, va sobre el futuro del barrio y quién puede permitirse vivir en él.

¿Qué molesta realmente a los vecinos?

La protesta, organizada por la asociación vecinal Gigia Cimavilla, fue el reflejo de una suma de malestares. Los residentes llevan años denunciando el exceso de ocio nocturno, el vandalismo y el auge de pisos turísticos —actualmente, hay 176 viviendas vacacionales para solo 2.000 empadronados. Sergio Álvarez, presidente de la asociación, describe la situación así: “Cimavilla tiene más bares por habitante que ningún otro barrio. Estamos cansados de ser los que pagan la fiesta de los demás”.

  • Denuncian la falta de aplicación de la ordenanza municipal de convivencia
  • Exigen medidas ante el botellón y los ruidos nocturnos
  • Reclaman freno a la turistificación y a la proliferación de apartamentos vacacionales
  • Critican que el Ayuntamiento prioriza atraer turismo, y no la vida vecinal

¿Qué pasa con el Paseo Gastro?

El Paseo Gastro, dicen los manifestantes, solo agrava una situación ya delicada. Las ocho nuevas casetas hosteleras —centro de la polémica— complican aún más la convivencia. “Todo lo que se hace aquí es para el turismo”, resume Rubén Llames, vecino desde hace quince años. La respuesta ciudadana: más de 1.500 firmas en contra del evento y la exigencia de que se escuche —al menos esta vez— la voz de quienes quieren vivir y no "solo sobrevivir a las fiestas".

El Ayuntamiento, ¿de parte de quién?

Parte del malestar viene, precisamente, de cómo el gobierno local ha gestionado las quejas. “El Ayuntamiento, en vez de apoyarnos, tira más contra nosotros”, insiste Sergio Álvarez. IU, con la concejala Noelia Ordieres, respaldó la protesta y exigió medidas para que "el barrio sea habitable y no se venda al turismo".

Mientras tanto, el recorrido de la manifestación acabó ante el consistorio, con lemas claros: “Menos turista hortera, y más familia obrera” y “botellón a casa de Moriyón”. Es decir, menos espectáculo y más vida de barrio. Porque, como leen hasta los niños en la protesta, "Cimavilla es un hogar, no un parque temático".

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